Leyendo las noticias sobre la ola invernal que nos afecta, veo con asombro que en lo que va corrido de este año se han presentado en el país 456 casos de traumatismos ofídicos, es decir mordeduras de serpiente en el territorio nacional.
...read more
Leyendo las noticias sobre la ola invernal que nos afecta, veo con asombro que en lo que va corrido de este año se han presentado en el país 456 casos de traumatismos ofídicos, es decir mordeduras de serpiente en el territorio nacional.
De inmediato vino a mí memoria la vivencia ocurrida para los fines de la década de los noventa cuando se presentó la misma emergencia sobre todo en el departamento de Córdoba en donde estaban muriendo más personas por las mordeduras de serpiente debido a la escasez de suero antiofídico, que por el mismo invierno.
Para esa época yo era el gerente de una importante empresa aérea de carga y pasajeros en Villavicencio.
Cierto día el patrón, debido a esta emergencia, me llamó por teléfono para decirme de que dispusiera de un avión de la empresa, volará a Bogotá y en el INS (Instituto Nacional de Salud) comprara 1000 dosis de suero antiofídico los cuales una vez conseguidos, volara a Montería y los repartiera en hospitales, centros de salud y dispensarios de la región para ayudar a suplir dicha emergencia.
Cómo el avión iba prácticamente vacío solo con piloto copiloto y mecánico llamé a mi esposa para que nos acompañará en la repartición del producto, Solo 500 dosis logramos conseguir con las cuales madrugamos hacia la capital de Córdoba en donde nos esperaba un amigo quien se encargaría de transportarnos por todos esos pueblos que precisaban de los sueros.
Montería. Cerete, Sahagún, San Pelayo, cotorra, ciénaga de oro, planeta rica entre otros, fueron los pueblos visitados en la maratónica repartición.
Después de repartir las dosis por toda la región, por la noche fuimos a Sahagún en donde nos tenían una recepción de agradecimiento por la acción efectuada. Con buena cena tipo costeño, buena cerveza y buen whisky fuimos bien atendidos hasta la madrugada desde donde nos trasladamos al hotel a dormir un rato para salir temprano hacia Villavicencio.
A las 7 am ya estaba el amigo en las puertas del hotel esperándonos para llevarnos al aeropuerto en donde estaba aparcado la aeronave que nos trasladaría al llano.
Después de los chequeos y protocolos normales al despegue salimos rumbo a nuestro sitio de trabajo la ciudad de Villavicencio.
El avión, luego de despegar, comenzó a sobrevolar en círculo sobre la ciudad de Montería con el fin de alcanzar la altura suficiente para sobrepasar la cordillera oriental desde donde se comenzaría a descender para llegar al llano.
Todo iba normal atravesando la cordillera.
Debido al trasnocho mi esposa y yo íbamos un poco somnolientos durmiendo al sonido unísono de los motores, cuando de pronto uno de los motores dejó de sonar. Automáticamente nos despertamos y al observar mi esposa por la ventanilla del lado derecho pudo daser cuenta que el motor se había detenido. El pánico se apoderó de ella pues desconocía de esa emergencia.
Me levante del asiento y me dirigí a la cabina para que el comandante me explicara lo sucedido y así yo poderle explicar a mi esposa.
Me explicaba el piloto de que este paro del motor se debía a un congelamiento por la altura en que volábamos pero que al descender hacia el llano volvería encender y normalizar su operación. Le expliqué a mi señora sobre la emergencia cosa que la tranquilizó sobre todo cuando le hable de la benevolencia, versatilidad y seguridad de ese avión tipo DC-3 el cual tenía una garantía de que si se le apagaban sus dos motores, debido a la posición de sus planos, este avión podía planear y hasta buscar un sitio en donde aterrizar. La normalidad volvió a reinar en el interior de la aeronave, sobre todo cuando el motor volvió a encender.
Después de muchos minutos de volar sobre la cordillera, notamos que el avión iba inclinando poco a poco la nariz como descendiendo de la altura a la cual iba, cuando de la parte trasera del avión adonde venía durmiendo el mecánico, paso corriendo hacia la cabina. Ahí si me preocupé pues ignoraba lo que estaba sucediendo.
Cuando me dirigía a la cabina a averiguar lo que estaba pasando, me encontré con el mecánico quien me explicó que debido a que se le había olvidado abrir las válvulas selectoras que permitían el paso de la gasolina a los motores, estos estaban perdiendo potencia y por ende el avión estaba perdiendo altura. Tomé atenta nota de este descuido para la posterior sanción.
Corregida la situación comenzamos el descenso hacia la ciudad de Villavicencio en donde minutos más tarde aterrizamos sin ninguna otra novedad, terminando este aventurado viaje.
Ya en tierra informé al patrón sobre las novedades del viaje, de lo bien que nos fue en la repartición de los sueros con los cuales los favorecidos quedaron muy agradecidos
Lo único negativo del viaje fue la cancelación del contrato al mecánico por el significativo olvido que pudo terminar en una trágica emergencia
Javier Londoño
Read less








